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La verdadera feminidad nos hace libres...

"Hay una belleza interior que emana de tu ser. La transformación de la mujer seductora en encantadora requiere encontrar el amor dentro de ella, hacia ella, para irradiar después este amor que la habita. 

Una manera de hacerlo es recorrer nuestros miedos y necesidades, comunicándonos correctamente con nosotras mismas. De este modo evitamos las incomprensiones, los malentendidos y las desviaciones que con frecuencia están presentes en el seno de una relación amorosa. Entonces, nuestra mujer encantadora se vuelve magnética y reencontramos los caminos de la libertad dentro del amor. Una mujer asi no necesita recurrir a las manipulaciones del amor porque ha entrado en contacto con el amor a sí misma.


Tal vez en el pasado hemos tenido la tendencia de querer cambiar al otro, a controlarlo y decidir por él. O simplemente hemos consagrado tiempo a dar con la esperanza de recibir. Si haces eso ahora, deja de ir a la caza del amor, del hombre, de los demás, del dinero y de la felicidad. Sé consciente de tu valor femenino y contacta con tu verdadero poder de mujer.

Para sanar este aspecto manipulador sé vulnerable y receptiva a todos los regalos que la vida puede ofrecerte por vías diferentes a las de la codicia. Tu belleza es el fruto del tiempo que has concedido al trabajo interno de purificación. Concédele tiempo a la alquimia de tu transformación y toma las riendas de tu poder femenino."

Feminidad. Monique Grande. Ediciones Obelisco.

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Claudio Naranjo. Chileno, estudió medicina, psiquiatría y música y acabó convirtiéndose en un referente mundial en la investigación de la mente humana. Integrador de la sabiduría tradicional y científica, oriental y occidental, y el conocimiento histórico, antropológico, sociológico, psicológico y espiritual del ser humano. Creador del programa SAT, en principio dirigido a profesionales de la psicoterapia y derivado en un programa de transformación individual y social para uso personal y en el ámbito educativo. Autor de más de 20 libros, traducidos a varios idiomas.


"La única salida a esta crisis es la transformación interior" La crisis actual ha tambaleado muchos cimientos del sistema y ha acabado revelando algunas de sus muchas fisuras. El comunismo se hundió por sus fallos de funcionamiento pero el capitalismo no parece salir mejor parado. Llevamos siglos cambiando gobiernos, haciendo revoluciones políticas y sociales pero nunca llegamos a buen puerto quizás p…

Me levanté esta mañana, cansada de no quererme...

FRENTE AL ESPEJO
Yo, que comí la cáscara
por no merecer la pulpa.
Yo, que le creí a la culpa,
y me escondí tras su máscara.

Yo, que me abofeteé y me dije
los más obscenos insultos,
que me negué a darme indultos
condenándome a estar triste.

Yo, que suicidé a mi anhelo
para lograr ser querido.
Yo, que me enemisté conmigo,
truncando todos mis vuelos

Yo, que me escupí en la cara,
abusador de mí mismo.
Yo, que complací al cinismo,
sobornando a quien me amara.

Yo: exigente y despiadado,
con nadie como conmigo.
Yo: mi más cruento enemigo,
mi juez y mi sentenciado...

...me levanté esta mañana
cansado de no quererme,
de apagarme, oscurecerme
(que mi luz no encandilara).

Marcela Lagarde: SORORIDAD

Fueron feministas italianas y francesas las que, a mitad del siglo XX, desarrollaron un concepto que va más allá de la solidaridad, vista como un intercambio que mantiene las condiciones como están.


La SORORIDAD, en cambio, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres ayudándose entre ellas, fraternidad femenina, dándole nombre a esa experiencia solidaria con la que se construye lazos que contribuyen al avance social.


Según Marcela Lagarde, LA SORORIDAD parte de un esfuerzo por desestructurar la cultura y la ideología de la feminidad que encarna cada mujer, como un proceso que se inicia en la amistad/enemistad de las mujeres y avanza en la amistad de las amigas, en busca de tiempos nuevos, de nuevas identidades. 


Las francesas (Gisele Halimi) llaman a esta nueva relación entre las mujeres, sororité, del latín sor, hermana; las italianas dicen sororitá; las feministas de habla inglesa la llaman sisterhood; y nosotras podemos llamarla sororidad.